Esta es la versión extensa de mi columna, publicada en 'Catalejo' del periódico El Colombiano el pasado 19 de septiembre de 2013.
El Trúntago
es una de las clases más duras de Guayacanes y su madera ha sido muy preciada
en el Pacífico, en donde hasta hace poco se utilizaba como viga central de las
casas de los colonos. En efecto, cuando una familia se internaba en el monte
buscando mejores tierras lo más importante del traslado era el tronco de Trúntago
sobre el cuál construía su nueva casa.
De Trúntago, supongo, está hecho
el potencial de Chocó, ha resistido años de saqueos, violencia y olvido, pero
aún puede llegar a soportar un nuevo rumbo en el más pobre de los territorios
colombianos.
Las últimas elecciones habían
traído algo de esperanza
al departamento. La elección de Luis Guillermo Murillo Urrutia como gobernador
implicaba nuevas posibilidades para una región asolada por el olvido central y
la pobreza, el desgobierno y la corrupción local. Pero Urrutia, aplicado
estudiante, segundo mejor ICFES del país en 1984 y responsable de una muy buena
carrera técnica, ya había sido electo y destituido en 1997 por cambiar la
destinación de cinco millones de pesos del presupuesto cuando trabajaba en la Corporación
Autónoma de Desarrollo Sostenible del Chocó, trasladando fondos destinados a
saneamiento ambiental a la reparación de una escuela.
El pasado 9 de
septiembre, siguiendo una decisión del Consejo de Estado, la Presidencia de
la República destituyó por decreto al gobernador chocoano.
El departamento de Chocó enfrenta
enormes desafíos de desarrollo. En efecto, el Índice de Desarrollo Humano para
este departamento en 2010 fue de 0,731, poco más de una décima por debajo de
los 0,840 puntos del promedio nacional, y muy inferior al mejor puntaje
obtenido por Bogotá: 0,904.
En el año 2006, el Índice de
Condiciones de Vida del DNP registró un puntaje de 54,91 para el departamento
de Chocó, el más bajo en términos nacionales. Para comprender el preocupante
lugar que ocupa esta región se debe comparar con el promedio nacional, y con el
de la capital de la República; para el primero el puntaje es de 79,45, y para
la segunda, de 89,78 (DNP, 2007). Es
decir, Chocó se ubica 25 puntos por debajo del promedio nacional, y 35 puntos
por debajo de Bogotá.
De otro lado, el Índice de
Pobreza Multidimensional, calculado por el DNP, señala una incidencia del
85,79% para el Chocó, la más alta del país, que tiene un promedio del 49%. La
desigualdad también afecta al departamento, con un Coeficiente Gini de 0,567 en
2011, superior al puntaje nacional, que se encuentra en los 0,559, de acuerdo a
cifras del Banco Mundial.
Estos desafíos de desarrollo son
el legado del sistemático
aislamiento y la repetitiva irresponsabilidad política central y local.
Chocó ha sido dejado a su suerte por el gobierno nacional, mientras sus élites
locales se han dedicado a saquearlo impunemente.
Pero en ocasiones, en las señales
más pequeñas de cambio se encuentran las más grandes esperanzas de solucionar
viejos problemas. Desde hace algunas semanas, veintisiete chocoanos
pertenecientes a organizaciones sociales o administración pública de su
departamento estudian becados por la Corporación Manos Visibles
la Maestría en Gobierno y Políticas Publicas de la Universidad
EAFIT. La idea es que al fortalecer las capacidades individuales en
gobernabilidad y gerencia de estos líderes, ellos dirijan los esfuerzos de
desarrollo de su región.
Mejorar las capacidades técnicas
de gobierno del departamento es una muy buena manera de empezar esa
transformación que se merecen los chocoanos, aunque las iniciativas de
fundaciones como Manos Visibles no pueden remplazar las responsabilidades de un
Estado; Chocó necesita inversión en vías, servicios públicos y seguridad, exige
que por fin sea tenido en cuenta por el gobierno de Bogotá.
Quizás así, entre esfuerzos
privados y aspiraciones públicas, puede por fin levantarse Chocó sobre sus
fuertes vigas de madera de Trúntago.
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