jueves, 12 de septiembre de 2013

Ahuyentando el Apocalipsis político

Esta es la versión extensa de mi columna, publicada en Catalejo del periódico El Colombiano el 12 de septiembre de 2013.

Por Santiago Silva Jaramillo

De acuerdo, eso me pasa por intentar otra vez confiar en los políticos. Por supuesto, la decepción estaba anunciada. Sin embargo, en mi defensa sostengo que esperaba que lo más sensato por parte de los principales actores de la política nacional en estos meses sería empezar a proponer y a discutir ideas, en fin, a hacer política de la buena.

Pero no, nuestros líderes tienen esa terca habilidad para decepcionarnos, para tomar las peores decisiones. Las últimas semanas hemos visto como el debate público es secuestrado por los profetas del Apocalipsis que se hacen llamar nuestros políticos. Es una verdadera lástima que en donde necesitamos propuestas, ideas, debates rigurosos y serios, solo se encuentren diatribas y advertencias del final de los tiempos para Colombia.

En efecto, no estamos a las puertas del “castrochavismo”, como tampoco nos estrangula la mano invisible de los Tratados de Libre Comercio. El descontento social, aunque real e importante, no nos llevará a una “Primavera colombiana” —por bueno o malo que esto pueda suponerse-, ni el hecho de que el presidente sea impopular implica que el entramado institucional del país se vendrá abajo.

Los políticos colombianos han subestimado tradicionalmente a los ciudadanos; han pensado que no saben reconocer una buena idea o un desempeño responsable en la arena pública. En Colombia, los políticos no han comprendido que ser juiciosos  bien puede ser más políticamente rentable que ser escandalosos; que proponer es mejor que decaer en cantos de sirena.

Parece que sus asesores han olvidado que los electores podrían preferir a un representante aburrido sobre uno entretenido y por eso todos salen a los medios, a la primera oportunidad, a señalar y vociferar, a acusar y profetizar. Sí, Colombia tiene enormes problemas, pero no se encuentra al borde del abismo y en eso se equivocan los políticos de ambas esquinas. Ni el país se caerá a pedazos, ni mucho menos, ellos son los redentores que pueden prevenirlo.


En fin, ojalá dejen el llamado al Apocalipsis. La buena política se hace con ideas, no con miedo. Ganar elecciones a punta fe terror resulta terriblemente dañino para la salud de nuestra democracia. Y ya es hora de que los colombianos, bombardeados por las profecías de políticos irresponsables y poco creativos, empecemos a demostrarles que no pueden seguir subestimándonos.

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