viernes, 6 de septiembre de 2013

Indignación selectiva (versión extensa)

Esta es la versión extensa de mi columna, publicada en Catalejo del periódico El Colombiano, el 05 de septiembre de 2013.

Por Santiago Silva Jaramillo

La semana pasada los colombianos nos despertamos en un país en caos. Los campesinos, particularmente paperos de Boyacá y Nariño, cumplían días de bloqueos a las carreteras, estrangulando el flujo de alimentos a algunas ciudades capitales. En Medellín y Bogotá, un par de miles de personas salieron a las calles a expresar su apoyo al paro agrario y cumplir con el lugar común de las manifestaciones colombianas: lo que comenzó como una demostración pacífica degeneró pronto en enfrentamientos con la policía, saqueos y disturbios.

El presidente Santos y su gobierno, como ya le es costumbre, respondieron con inconsistencia, prometía medidas para el campo, pero culpaba a sus sucesores, reprimía las demostraciones, pero insistía en sentarse a negociar con los líderes campesinos.

Ahora bien, más allá de la ineptitud gubernamental para manejar crisis como esta o las acusaciones de infiltración guerrillera en las mismas, me preocupan dos asuntos sobre el paro nacional.

El primero, la irresponsable pereza con la que algunos han salido a señalar responsables por la crisis agrícola. Por un lado, está el gobierno, que encogiéndose de hombros, ha reunido una larga lista de responsable, ninguno de los cuales, convenientemente, tiene algo que ver con los funcionarios: desde las administraciones anteriores, hasta las Farc. En la otra esquina, los cantos de sirena de la izquierda, que no aprovecha ocasión para reciclar su caduco discurso: el senador Jorge Robledo, por ejemplo, se ha lanzado en una irresponsable diatriba contra los tratados de libre comercio recientemente firmados por el gobierno colombiano, cuyas desgravaciones, curiosamente, no han entrado en vigencia en su mayoría.

Numerosos análisis en las últimas semanas han señalado los enormes desafíos del campo colombiano. En un escenario de concentración de tierras, poca tecnificación, deficiencias en infraestructura, monopolios de insumos y transporte, y contrabando a gran escala, los tratados de libre comercio representan el menor de las preocupaciones agrícolas. En efecto, en un sector de alta concentración como el agro, son las grandes empresas -no los campesinos-los beneficiarios de subsidios y proteccionismo. Es más, podrían verse como una manera eficiente de “despertar” algunos sectores, aumentar la competencia de los monopolios colombianos y mejorar los precios de productos internamente.

Mi incomodidad viene, por supuesto, del hecho de que cuando las explicaciones para un problema público son perezosas y politizadas (y por esto me refiero a inscritas en la excesiva polarización), se reúnen los elementos para la construcción de políticas erradas.

El segundo, creo, es mucho más importante. Y es sobre la manera como los colombianos expresamos nuestra frustración política –por merecida que sea-. Empiezo por decir que un acto realmente revolucionario en este país sería respetar la ley, jugar según las reglas; porque tirar piedra es de cobardes, de conformistas. En efecto, la manera como degeneraron las manifestaciones en casi todo el país me generó sentimientos encontrados con el paro, porque aunque entiendo el descontento,  no estoy seguro si esta es la forma, si las cosas se arreglan saliendo a las calles, incluso pacíficamente.

El problema es que sufrimos de indignación selectiva, de inclinación vandálica y activismo apático. Los cambios no se logran dándole “me gusta” a una foto, por muchos campesinos “enruanados” que aparezcan en ella. Que las cacerolas aguanten hasta marzo y mayo de 2014, para ver si descontento nos ayuda a depurar esa camada de bandidos que solemos elegimos.

Protestamos y gritamos al cielo cuando no es tan importante, para luego bajar la cabeza en elecciones y  encogemos de hombros a la hora de ejercer control social efectivo. Ojalá el descontento nos durara hasta las elecciones, a ver si dejamos de votar por los de siempre.


@santiagosilvaj

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