jueves, 4 de abril de 2013

Cortando cabezas (versión extensa)

Esta es la versión  extensa de mi columna, publicada en 'Catalejo' del periódico El Colombiano el 04 de abril de 2013.


Por Santiago Silva Jaramillo

El periodismo recurre con demasiada frecuencia e irresponsabilidad a metáforas que terminan inevitablemente como lugares comunes. La mayoría son bastante torpes, pero no la que suelen utilizar para hablar sobre la rapidez y facilidad con la que se regeneran los liderazgos de las organizaciones criminales.

De hecho, cuando solo unas horas después de una captura de un gran capo del narcotráfico o jefe guerrillero se empiece a hablar de quién lo reemplazará, lleva a los periodistas a hacer referencia a esa organización como a una Hidra. La Hidra de Lerna es una criatura mitológica, de cuerpo de lagarto y con nueve cabezas de serpiente; su habilidad para regenerar sus cabezas luego de que fueran cortadas la convierten en la metáfora perfecta para la lucha frustrante y larga en contra de las organizaciones criminales. 
 
Sin embargo, aunque es de conocimiento popular esta idea de la “Hidra criminal”, los esfuerzos policiales, militares y políticos siguen privilegiando el enfoque “descabezador”. Nuestras noticias se encuentran llenas de la captura de “segundos al mando”, la muerte de “jefes de finanzas” y la entrega de “piezas clave” de las organizaciones criminales. Nos hemos concentrado excesivamente en los famosos “objetivos de alto valor” y aunque esta sea una aproximación popular y mediática, sus efectos sobre las organizaciones criminales parecen ser, en el mejor de los casos, pasajeros.

El asunto es que en una red, todos los líderes son el número dos (o el tres o el cuatro) en la línea de sucesión; en tanto su importancia respecto a los demás es bastante similar, y su caída no implica una perdida estructural para la organización criminal y sus actividades, por lo menos no en principio. Una red es esencialmente capaz de un importante grado de auto dirección; por eso el micro tráfico, la extorsión o el sicariato no se detienen cuando se captura o da de baja a un jefe criminal.

Es por eso que cada que cortamos una cabeza, otra la reemplaza con una rapidez frustrante; nos concentramos en ocasiones en los esfuerzos efectistas de perseguir y capturar capos, cuando es la desarticulación de las fuentes de financiación y el apoyo y capital humano de la organización lo que nos debería interesar atacar.

Otro asunto controversial y potencialmente perjudicial de este enfoque es que lleva a la organización a adaptarse a una nueva realidad, generando inestabilidad interna y externa y cambiando radicalmente el panorama de la inteligencia y conocimiento que se tiene de la red. En efecto, con nuevos liderazgos llegan nuevas realidades, lo que puede echar en balde los avances que se puedan tener en tipificar e identificar a los miembros y las actividades de la organización.

Es de esta forma que deberían premiarse enfoques que se concentren en atacar las finanzas y las estructuras de las redes criminales. Así, destinar mayores recursos, pero particularmente mayor peso político y apoyo institucional, a la investigación y judicialización. La fuente vital de las redes criminales sale de sus bolsillos y sus hombres; es allí en dónde se cauteriza la herida, para que la cabeza no reaparezca.

Todo lo anterior no busca, ni mucho menos, proponer que se deje de perseguir a los cabecillas, solo que no se convierta esta, por política y presión mediática, en la única apuesta de la política criminal.

Al final, Hércules, que venció a la Hidra de Lerna en el décimo de sus Doce Trabajos, lo logró cuando comprendió que debía cauterizar las heridas de las cabezas que cortaba, no dejar de cortarlas. Así, no debemos dejar de atacar a los jefes de las organizaciones criminales, solo entender que eso no será suficiente para acabar con el monstruo.

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