jueves, 7 de febrero de 2013

LEVANTARSE DE LA MESA - El Colombiano

LEVANTARSE DE LA MESA - El Colombiano

El escepticismo ha definido la actitud general de la mayoría de los colombianos respecto a las negociaciones que el Gobierno Nacional adelanta con las Farc en La Habana. En efecto, aunque algunas encuestas han mostrado un apoyo importante al proceso, al preguntar por la confianza en el éxito del mismo o los resultados esperados, los ciudadanos son bastante pesimistas.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Un año después


Por Santiago Silva Jaramillo

Esta semana, Catalejo, mi columna de opinión en el periódico El Colombiano, cumple un año de estarse publicando. Y sería injusto de mi parte no dar algunos agradecimientos y recordar un par de anécdotas alrededor de este asunto.

Lo primero, agradecer. Empecé a escribir textos de opinión porque mi hermano, que tiene la capacidad de persuasión de todo buen paisa, me convenció que un politólogo con pretensiones de escritor tenía que hacerlo. En EAFIT, el profesor Adolfo Eslava fue el primero en publicar mis torpes intentos de columnas en el blog del pregrado en Ciencias Políticas. Esta primera experiencia me ayudó enormemente para lo que vendría, particularmente porque mis compañeros politólogos siguen siendo, de lejos, los comentaristas más rigurosos que he tenido.

Poco después, empecé a publicar mi propio blog, RealpolitikMundial. La idea era analizar temas de política internacional, aunque en ocasiones me permitía dar algunas opiniones personales. El blog ha sido un ejercicio fundamental; me ha enseñado disciplina y responsabilidad con lo que escribo y publico. El blog sobrevive ahora más por nostalgia que cualquier otra cosa; se me ha convertido en el amuleto de la buena suerte. (A propósito, esta semana, el blog también tiene su fecha especial, en efecto, acumuló las 50.000 visitas).

A comienzos de 2011, por insistencia de María Juliana Rey (la justicia es dar a cada quién lo que se merece, sin importar las circunstancias del momento, y yo sería injusto si no le agradeciera a ella por años de apoyo incondicional, su compañía fue clave para la publicación de esta columna durante mucho tiempo), envié mi primera columna, “Hedor a Jazmín”, a El Colombiano.

De esta manera me uní al grupo de “Jóvenes pioneros”, que publicaban esporádicamente en el periódico. Pocas veces releí tanto una columna o tuve tanta ansiedad al enviarla; sin embargo,  la respuesta que obtuve fue muy gratificante y me permitió seguir enviado textos. Lo asumí como un reto, el editor de la sección de opinión del periódico, Luis Fernando Ospina, me sugirió que escribiera una columna semanal, aunque no podía garantizar que en el reducido espacio, todas se publicaran a tiempo.

La persistencia y paciencia pagó sus frutos y un año después, en la nueva edición del periódico luego de la conmemoración de 100 años de publicación, nació Catalejo. La primera columna hablaba sobre la debilidad estructural de las Farc que demostraba una reciente ola terrorista, “Una muestra de debilidad”, se titulaba.

Uno de los primeros retos a los que me enfrenté fue el asunto del tono. En efecto, asumí que mi columna debería tener una voz particular, fuera por los temas que trataba o la estructura en que la presentaba. Mi primera gran lección vino cuando me tropecé con una realidad algo desalentadora: a veces no podemos ser quienes queremos ser, nos toca ser quienes podemos ser. Lo digo porque mi ideal de columnista (los textos que realmente disfruto leyendo) es Juan Esteban Constain de El Tiempo, pero yo nunca pude lograr la combinación de ingenio y conocimiento que hacen de sus columnas probablemente las mejores actualmente en Colombia.

Me contenté entonces con el papel de analista político; en principio con aspiraciones a observar mayormente las relaciones internacionales, pero cayendo inevitablemente en el sucio, pero tentador pantano de la realidad política nacional.

Ahora bien, Catalejo no ha sido ni es, de lejos, un esfuerzo individual; se nutre de los comentarios, reclamos, concejos, regaños e interés de muchas personas a las que solo puedo ofrecer este tímido agradecimiento.

En primer lugar, mis “editores”. En efecto, desde que empecé a escribir columnas de opinión, mis papás, mi hermano, y mi tío Jairo Quiróz, han representado el mejor de los paneles de edición de los que podría desear. Tanto ellos, que son los habituales y juiciosos, como muchas otras personas que han ojeado mis columnas antes que sean publicadas y han evitado que cometa errores,  e incluso un par de injusticias.

Aunque suene a discurso de reina, todo lo hago por los lectores. Tengo algunos que siguen la columna con juicio y tienen comentarios valiosos y críticas agudas; ellos son el principal incentivo en este oficio de cada semana. También me han tocado los famosos trolls, pero confieso que a diferencia del desprecio que algunos columnistas les tienen, para mi hacen que todo esto sea mucho más divertido.

A algunos los recuerdo muy bien, como cuando recibí en mi correo personal un mensaje de una lectora sobre una columna que había escrito del terremoto en Japón y la importancia de prevenir el riesgo. Ella, luego de hacer algunas anotaciones del tipo "es un tema muy importante" y "no recibe la atención que se merece", me decía: "ya que usted considera el riesgo como un asunto fundamental y le preocupa las dificultades del futuro, me permito ofrecerle el siguiente paquete de seguros...". 

Respecto a los comentarios, han variado desde la intervención divina:

Hasta lo simplemente inexplicable:


Y he sido victima de lo que solo puedo explicar como lo que hacen Hugo Chávez y Nicolás Maduro en su tiempo libre:


Y finalmente, está este maestro, el mejor comentario que me han hecho, un insulto y elogio a partes iguales:

Si, cargo ese título con orgullo, “moralista del siglo XXI”.

Muchas gracias a los que leen, comentan y comparten. A los que me han ayudado en algún punto y a los que lo siguen haciendo; espero, y en esto pongo todo mi empeño cada semana, cumplir sus expectativas y no defraudar su confianza.

Un saludo


jueves, 31 de enero de 2013

El debate de las tierras (Versión extensa)


(Esta es la versión extensa de mi columna en El Colombiano del 24 de enero de 2013)

Por Santiago Silva Jaramillo

Durante las últimas semanas se discute en La Habana sobre el problema de la concentración de tierra en nuestro país. Las Farc, con ese descaro que les sale con tanta naturalidad, hablan con los negociadores del gobierno sobre la desigual propiedad de la tierra en Colombia. Ellos deberían saber muy bien, su grupo guerrillero es probablemente uno de los más grandes latifundistas del país por cuenta de su robo de tierras en los Llanos Orientales.

En fin, las mentiras de las Farc se han vuelto tan predecibles que desmentirlas ya no es ni entretenido.  Sin embargo, resulta un despropósito que dejemos que un debate de la importancia como el de la posesión y explotación de la tierra en Colombia sea monopolizado por una banda de narcotraficantes y ladrones.

Según el Ministerio de Agricultura, durante lo más álgido del conflicto armado colombiano reciente fueron robadas unas seis millones de hectáreas por parte de paramilitares y guerrillas. Pero este asunto supera la restitución de tierras (para esto ya existe una legislación y algo de voluntad política para ejecutarla), se debe centrar en la histórica posesión desigual de la tierra en Colombia.

La concentración de la tierra no es mala en si, pero la baja productividad que generalmente implica tiene efectos nefastos para la economía y sociedad de un país. Y en Colombia, según el Instituto Geográfico Agustín Codazzi, el 41% de los predios privados se encuentran en mano de algo menos de 100 mil dueños. En general, las grandes concentraciones de tierra llevan a tener una gran cantidad de esas propiedades dedicadas a explotaciones improductivas y que generan poco empleo, como la ganadería extensiva.

En efecto, mientras una hectárea de ganado genera en promedio 0,01 empleos directos, el banano de exportación genera 0,6 y las flores casi 15. Pero ¿cómo lograr una posesión más justa y productiva de la tierra?

La expropiación, por ejemplo, no puede ser una opción; el derecho de propiedad es uno de los pilares de las sociedades democráticas y ningún gobierno que se precie de ser democrático debería inclinarse a violarlo.

Sin embargo, esta no es la única herramienta al alcance del Estado. Una opción menos invasiva y más democrática de atacar el problema de la concentración de la tierra son los impuestos. En efecto, el sistema tributario colombiano premia los latifundios y les da una encima si están dedicados a actividades económicas improductivas y que generan poco empleo.

De esta forma, mayores impuestos para los latifundios (esto es, más de 200 Ha.) incentivarían la introducción de desarrollos agrícolas productivos que les permitan a los propietarios responder por las responsabilidades tributarias de sus tierras. Necesitamos un campo de agroindustriales, comprometidos con la generación de empleo.

Si el debate sobre la tierra en Colombia no gira entorno a la construcción de una agroindustria nacional de desarrollos agrícolas productivos, estará siempre contaminado por la demología de las propuestas absurdas, asistencialistas o antidemocráticas. O peor, por la inactividad.

Pero no existe un consenso ni compromiso político para lograr la legislación necesaria para estas reformas. El Congreso carga una crisis histórica de representación: los que están no tienen, ni de lejos, los intereses nacionales en la cabeza.

Ese es nuestro trabajo: elegir líderes políticos comprometidos con un campo más productivo, competitivo, justo y que generador de empleo.

EL DEBATE DE LAS TIERRAS - El Colombiano

EL DEBATE DE LAS TIERRAS - El Colombiano

Durante las últimas semanas se discute en La Habana sobre el problema de la concentración de tierra en nuestro país. Las Farc, con ese descaro que les sale con tanta naturalidad, hablan con los negociadores del Gobierno sobre la desigual propiedad de la tierra en Colombia. Ellos deberían conocerla muy bien, su grupo guerrillero es probablemente uno de los más grandes latifundistas del país por cuenta de su robo de tierras en los Llanos Orientales.

martes, 29 de enero de 2013

Obama 2.0

Obama 2.0

Los segundos periodos de la presidencia estadounidense suelen estar cargados de decisiones conservadoras y resultados mediocres. Los reelectos reciben la presión por parte de sus propios partidos por no comportarse de una manera que les complique las próximas elecciones, en donde comúnmente, el partido en el gobierno pierde terreno. De igual forma, tienen que cargar con lo que hicieron en su primer presidencia; atendiendo problemas viejos y resolviendo tensiones que ellos mismos causaron.

Publicado en Bajo la Manga. Pueden leerlo aquí.

viernes, 25 de enero de 2013

Lecciones del “cese al fuego” (Versión extensa)

(Esta es la versión extensa de mi columna en El Colombiano del 24 de enero de 2013)

Por Santiago Silva Jaramillo

El pasado 20 de enero las Farc dieron por terminado el famoso “cese al fuego” unilateral de un mes; el tiempo pasado y las realidades presentes nos permiten extraer algunas lecciones sobre el estado de la guerrilla, la guerra y las negociaciones en La Habana.

En primer lugar, que las Farc no cumplieron lo que habían prometido. Reportes presentados por el Ministerio de la Defensa y la Defensoría del Pueblo sostienen que la guerrilla violó su propia tregua en más de cincuenta ocasiones.

De igual manera, estos días nos lograron convencer que el presidente Santos y su gobierno harán lo que sea para mantener las negociaciones andando, porque solo en el retorcido universo de la exculpación cabe decir que se cumplió un cese al fuego con 57 acciones armadas; si una regla tiene 57 excepciones simplemente deja de serlo. Sin embargo, el presidente lo hizo, cuando sostuvo con descaro que la tregua se había cumplido.

Pero actuar sorprendido frente a esto es, en el mejor de los casos, ingenuo. El oficio de las Farc se ha determinado durante años por su disposición a mentir o por lo menos, a prometer cosas que no están en capacidad de controlar.

Otro de los asuntos es que el final del “cese al fuego” evidenció que las Farc si están mermadas. Porque por incapacidad de la guerrilla o capacidad de las Fuerzas Armadas colombianas (y seguramente es una combinación de las dos), la temida ofensiva terrorista de final dela tregua simplemente no llegó.

Y esto es una buena señal, nos habla de una guerrilla que sigue dividida y que cuenta con bastantes problemas para coordinar y ejecutar acciones de envergadura en contra del país. Por supuesto, esto no quiere decir que no puedan hacer daño, pero la magnitud de sus golpes se ha reducido menormente en los últimos años.

Al final, el efecto que las Farc querían que tuviera su “gesto de buena voluntad” fracasó. En efecto, los negociadores en La Habana buscaban extorsionar a los colombianos y al Gobierno hasta llevarlos a aceptar un cese al fuego bilateral. Por fortuna, el presidente Santos, en esos extraños momentos de lucidez que tiene a veces, rechazó las pretensiones de la guerrilla y ordenó a las Fuerzas Militares que intensificaran su ofensiva.

Así, el “cese al fuego” nos permitió asomarnos por unos días a las debilidades internas de la guerrilla, a sus maniobras para mejorar su posición en la mesa de negociación y a su poca disposición por abandonar sus viejas costumbres de muerte y terror.

jueves, 24 de enero de 2013

LECCIONES DEL CESE EL FUEGO - El Colombiano

LECCIONES DEL CESE EL FUEGO - El Colombiano

El pasado 20 de enero las Farc dieron por terminado el famoso "cese el fuego" unilateral de un mes; el tiempo pasado y las realidades presentes nos permiten extraer algunas lecciones sobre el estado de la guerrilla, la guerra y las negociaciones en La Habana.